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TEMA 15 – 6: LA EDAD CONTEMPORANEA. SIGLO XX (parte 3)

LA DICTADURA DE FRANCO. ——————————————————————————————–

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Se conoce como dictadura de Franco, o dictadura franquista al periodo de la historia de España correspondiente con el ejercicio por el general Francisco Franco Bahamonde o el caudillo de la jefatura del Estado y con el desarrollo del franquismo, esto es desde el final de la Guerra Civil Española en 1939, hasta su muerte y sucesión en 1975. Su amplia dimensión temporal y la marcada presencia del propio Franco en toda ella hace que a menudo se utilice para designarla la expresión era de Franco.

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En los años 40 la dictadura militar se afianzó mediante la represión política y económica de los opositores y mantuvo una política económica basada en la autarquía, provocada por la Segunda Guerra Mundial, en la que la dictadura franquista tuvo una participación favorable a la Alemania nazi mediante el envío de la División Azul, un cuerpo de voluntarios que sirvió en el ejército alemán contra la Unión Soviética.

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Tras esta reunión entre los dos dictadores, donde no se pusieron de acuerdo en las condiciones para que España entrara en la guerra al lado de Alemania, la colaboración española se plasmó en el envío de trigo durante cinco cosechas (por lo que España se quedó más pobre de lo que ya estaba por la guerra civil, y la participación de unos 19.00o soldados voluntarios al lado de los alemanes en el frente ruso.

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Esta connivencia y colaboración con las potencias del Eje, pese a realizarse en el marco de una política oficial de no beligerancia, condujo al aislamiento internacional tras la derrota de las mismas en 1945, promovido por los aliados en el seno de la recién creada ONU.

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En los años 50, en el marco de la Guerra Fría la posición geográfica de España y su dictadura militar se acabaron convirtiendo en estratégicos para Estados Unidos y sus aliados europeos frente a la Unión Soviética. La alianza de España con los Estados Unidos puso fin al aislamiento internacional del régimen y favoreció una paulatina aperturización de la economía nacional, que seguía a unos niveles de desarrollo inferiores a los del resto de economías de Europa occidental, que en la guerra mundial habían sufrido desastres similares al de la Guerra Civil española.

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En los años 60 y principios de los 70, el desarrollismo económico mejoró de forma notable, aunque desigual, el nivel de vida de la mayoría de la población, que formó una clase media hasta entonces casi inexistente. El nivel de libertad personal y política no aumentó del mismo modo. Empezaron las movilizaciones de oposición a la dictadura por parte de trabajadores y estudiantes.

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El rey Juan Carlos I fue el sucesor designado por Franco para la Jefatura del Estado, y a su muerte juró acatar los Principios del Movimiento Nacional destinados a perpetuar la dictadura franquista. Sin embargo se basó en ellos para promover el Referéndum para la Reforma Política. Su resultado, 94% a favor de la reforma, inició la Transición Española hacia la democracia parlamentaria.

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Características de la dictadura franquista

Las bases de la dictadura fueron entre otras el nacionalismo español, el catolicismo y el anticomunismo, que sirvieron de apoyo a un gobierno de dictadura militar autoritaria que se autoproclamó como “democracia orgánica” en oposición a la democracia parlamentaria.

A partir de las derrotas de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial, el general Franco promulgó el Fuero de los Españoles (17 de julio de 1945) con ello, redujo la importancia de la Falange Tradicionalista y se concedió más importancia al componente católico.

A partir de entonces, la dictadura se va deshaciendo de su carácter pro-fascista, aunque sigue utilizando su simbología. La dictadura tuvo que buscar nuevas alianzas internacionales.

En la década de los años 60 apareció una generación de políticos tecnócratas formados en el Opus Dei y se rompió el aislamiento internacional. La dictadura militar se caracterizó por:

  • Carencia de Constitución. Al rechazar el liberalismo se negó el sufragio universal. Los cargos políticos se ocupaban por designación, no por elección.
  • Inexistencia de partidos. Los partidos políticos estaban prohibidos al ser considerados estos por la dictadura como sembradores de divisiones.
  • Concentración del poder. Franco podía legislar por decreto. Hasta 1942 no existieron Cortes pero éstas aparecieron como un órgano que sólo se limitaba a respaldar las indicaciones del Jefe del Estado. Sin ninguna base democrática.[cita requerida]
  • Restricciones a las libertades de asociación y de reunión. Un grupo de más de 20 personas sólo podía reunirse si tenía un permiso del gobernador civil.
  • Absoluto control de la información. La prensa hubo de someterse a censura previa, hasta la ley de Prensa de 1966. Este control permitió una propaganda favorable a la dictadura. No ocurría lo mismo con la publicación de libros, donde la censura (de ser necesaria) actuaba después de la venta, como afirmó el filósofo Leszek Kolakowski:

“Los españoles no tienen censura previa, allí la censura interviene después de la publicación del libro (se publicó un libro que a continuación fue confiscado, pero entretanto se habían vendido mil ejemplares; ya nos gustaría tener en Polonia tales limitaciones). En las librerías españolas pueden comprarse las obras de Marx, Trotski, Freud, Marcuse, etcétera […]”.

  • Asignación del mantenimiento del orden a las fuerzas armadas, con lo que el ejército asumió las funciones de policía.
  • Sindicatos verticales. En teoría el régimen se nutría ideológicamente de la Falange, pero en la práctica lo que hizo fue adaptar el falangismo a sus propios intereses. La concepción falangista de unos sindicatos en los que estuvieran encuadrados patronos y obreros (eso significa verticales), para impedir la lucha de clases y resolver por arbitraje los conflictos sociales, se completó con la subordinación de los sindicatos al gobierno. El delegado nacional de sindicatos tuvo cargo de ministro. Las huelgas estaban prohibidas.

Cortes Españolas

La Ley Constitutiva de las Cortes o simplemente Ley de Cortes de 17 de julio de 1942 fue promulgada durante la primera etapa del régimen franquista, a fin de dar una apariencia de parlamentarismo a la dictadura.

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Establecía la formación de una asamblea unicameral de elección indirecta con teórica iniciativa legal, aunque ésta residía en la figura de Franco desde el momento de la promulgación de la Ley de agosto de 1939, que le atribuía la capacidad de dictar normas sin ningún tipo de condicionantes.

Etapas

Los años de la posguerra (1939-1945)

España había perdido en la Guerra Civil una parte significativa de su población y de su capacidad productiva. La escasez multiplicó las situaciones de hambre y perpetuaron la miseria extrema. La situación empeoró porque meses después de acabar la guerra civil empezó la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945.

España se declaró no beligerante en la guerra mundial, pero participó en ella de manera indirecta. En un primer momento manifestó su apoyo a la Italia fascista y a la Alemania nazi, pero evitando siempre la participación directa en la guerra. Tras la entrevista de Hendaya, la actuación más significativa fue la movilización de españoles, voluntarios o movidos por otras circunstancias, para la división 250 de la Wehrmacht, División Azul, que combatió contra la Unión Soviética.

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Mientras tanto España mostraba a los aliados una posición de neutralidad, que se fue haciendo más clara conforme la situación fue favoreciendo a éstos. Sin embargo la posición ambigua de España llevó a que la victoria aliada supusiera el aislamiento internacional del régimen. Las democracias occidentales no defendieron a la República Española y, tras la Guerra Mundial, se reconstruyó Europa Occidental siguiendo el Plan Marshall, pero no España ni Portugal.

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Desde el final de la guerra en 1939 existe una resistencia armada a la dictadura por parte del maquis, grupos guerrilleros que actuaron principalmente en zonas rurales y de montaña. El máximo de su actividad se dio en la segunda mitad de la década de 1940. A principios de los 50 la guerrilla en España se encuentra en franco declive. En 1952 se procede a una evacuación general hacia Francia. Desde esa fecha hasta 1965 sólo perviven partidas cada vez más aisladas.

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En esta época se construye uno de los monumentos que más controversia ha creado y que, a día de hoy, sigue teníendo partidarios y detractores.

Es el Valle de los Caídos o la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos es un monumento construido entre 1940 y 1958 situado en el municipio de San Lorenzo de El Escorial, en la Comunidad de Madrid (España).

Se encuentra a 9,5 km al norte del Monasterio de El Escorial en la Sierra de Guadarrama, sobre el paraje del valle de Cuelgamuros. En su diseño participaron los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez. El conjunto pertenece al Patrimonio Nacional desde 1957, año de su apertura al público.

Francisco Franco ordenó su construcción, y está enterrado allí junto con José Antonio Primo de Rivera, fundador del partido Falange Española, así como con otros 33.872 combatientes de ambos bandos en la Guerra Civil, nacionales y republicanos.

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Según el decreto fundacional de 1 de abril de 1940, el monumento y la basílica se construyeron para:

…perpetuar la memoria de los caídos de nuestra gloriosa Cruzada […] La dimensión de nuestra Cruzada, los heroicos sacrificios que la Victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra historia y los episodios gloriosos de sus hijos.

Posteriormente, los objetivos fundacionales del monumento se orientaron hacia una visión más reconciliadora,centrándose más en el plano religioso y espiritual. Dicha visión fue corroborada en 1960 por el papa Juan XXIII al declarar como Basílica Menor la iglesia de la Santa Cruz:

En este monte sobre el que se eleva el signo de la redención humana ha sido excavado una inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los caídos de la Guerra Civil de España. Y allí acabados los padecimientos, terminados los trabajos, y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la Nación Española.

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La política económica de la época siguió el modelo de autarquía que sostuvo con relativo éxito las economías de guerra de Italia y Alemania. Se basaba en la intervención directa del Estado en asuntos económicos y en la autosuficiencia económica que limitaba el comercio con el resto del mundo.

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El intervencionismo del Estado se extendió a gran parte de la economía. El Estado sacó fuera de las leyes del mercado los productos agrícolas y ganaderos, fijando precios y limitando el derecho a la propiedad de los bienes producidos. En 1941 se creó el Instituto Nacional de Industria (INI) y se estableció un control rígido del comercio exterior.

La escasez y la intervención estatal llevaron al mercado negro, el estraperlo, y la corrupción (licencias de importación y exportación, suministros al Estado…). En 1947 cerró el último de los más de 100 campos de concentración de España , el campo de Miranda de Ebro. En parte el hambre de la posguerra fue aliviada con las diversas instituciones de beneficencia incluidas dentro de la organización falangista Auxilio Social

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El centralismo de la dictadura bajo el lema “España, una, grande y libre” también llevó a cabo, en sus primeros años, una feroz represión contra los nacionalismos periféricos, prohibiendo sus manifestaciones lingüísticas y culturales mediante entre otras la Orden de 21 de mayo de 1938 y la Orden Ministerial de 16 de mayo de 1940.

“… por exigencias del respeto que debemos a lo que entrañablemente es nuestro, como el idioma, precisa desarraigar vicios de lenguaje que trascendiendo del ámbito parcialmente incoercible de la vida privada, permiten en la vida pública la presencia de modas con apariencia de vasallaje o subordinación colonial. Es deber del poder público, en la medida en que ello es posible, reprimir estos usos, que contribuyen a enturbiar la conciencia española, desviándola de la pura línea nacional, introduciendo en las costumbres de nuestro pueblo elementos exóticos que importa eliminar …”

En 1938 nace la nueva Ley de Prensa, vigente hasta 1966, que instaura la censura previa y sanciona todo escrito que :

“… directa o indirectamente tienda a mermar el prestigio de la Nación o del Régimen, entorpezca la labor de Gobierno en el Nuevo Estado o siembre ideas perniciosas entre los intelectualmente débiles.”

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El fin de la autarquía (1954-1959)

El fracaso del modelo autárquico llevó a un giro en la política económica. Se liberalizaron parcialmente los precios, el comercio y el tránsito de bienes. En 1952 acabó el racionamiento de alimentos. Estas medidas mejoraron la economía pero hasta 1954 no se superó la renta por habitante de 1935

Los Estados Unidos y la Unión Soviética habían sido aliados en la guerra mundial, pero después alejaron rápidamente sus posiciones. Una parte fundamental de la Guerra Fría fue la extensión y afianzamiento de la influencia soviética en el Este de Europa y la contención por parte de los Estados Unidos y sus aliados en el resto del continente.

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Dentro de esta lucha de poder e intereses estratégicos, Estados Unidos estableció bases militares en territorio español. Como contrapartida, en 1951 España empezó a recibir asistencia económica. Esta cooperación fue muy inferior a la que recibieron las democracias parlamentarias incipientes que se habían beneficiado del Plan Marshall inmediatamente después de la Guerra Mundial: Reino Unido, Alemania Occidental, Italia, Francia y Japón.

Sin embargo, años después de las guerras, la carestía de España seguía siendo tan grande que las importaciones limitadas de bienes de equipo fueron fundamentales para acelerar el desarrollo. Éste también trajo inflación monetaria y el consiguiente malestar social.

En 1957 un grupo de tecnócratas del Opus Dei entró en el Gobierno y dio el giro definitivo a la política económica.

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La “tecnocracia” y el “aperturismo” (1959-1975)

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La llegada del Plan de Estabilización (1959-1961)

Los tecnócratas del Opus Dei accedieron al Gobierno en 1957 y pusieron en práctica un duro Plan de Estabilización conforme con las directrices del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyo efecto social fue la emigración de unos dos millones de españoles, en los años siguientes.

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Se liberalizó la economía, acabando con la autarquía y reduciendo el intervencionismo del Estado. Se recortó el gasto público, se abrió la economía al exterior, se devaluó la moneda y se facilitaron las inversiones extranjeras. La consecuencia más importante fue que a partir de 1961 se precipitó el crecimiento económico.

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El desarrollo económico (1961-1973)

Entre 1961 y 1973 la situación favorable en el mundo llevó a que crecieran rápidamente la industria y los servicios en España. Las inversiones extranjeras llegaron atraídas por los costes laborales reducidos. El desarrollo y la emigración masiva, acabó con el paro. Se desencadenó un éxodo, desde las zonas rurales hacia las zonas industriales españolas y de otros países de Europa.

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España consiguió llegar a tener superávit en su balanza de pagos. El déficit histórico se compensó con los ingresos del turismo, la inversión extranjera y las remesas de emigrantes en otros países de Europa.

La emigración y el aumento del rendimiento en las explotaciones agrícolas y ganaderas supusieron el empobrecimiento por desertización de las zonas rurales sin presencia industrial o turística.

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El Gobierno aprobó a partir de 1963 varios Planes de Desarrollo que pretendían corregir con incentivos fiscales y ayudas estatales los peores resultados del desarrollo económico. La economía siguió creciendo pero la planificación no dio resultado y creció el desequilibrio entre regiones.

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La sociedad de consumo y los cambios sociales en los años sesenta

Los años sesenta supusieron un cambio social significativo:

  • Emigración rural a las ciudades y a Europa Occidental. Más de un millón de españoles se desplazaron a Francia, Alemania, Suiza, Bélgica y otros países europeos para desempeñar los trabajos con menos demanda local.
  • La emigración trajo las consecuencias positivas reseñadas, pero también el desarraigo humano y el aumento de la diferencia de riqueza entre regiones del país.
  • Aumento de la población. Se reducía la tasa de mortalidad y aumentó la tasa de natalidad que ya estaba en valores relativamente altos.
Desde 1963 aumentaron las prestaciones sanitarias y los sistemas de pensiones. La Seguridad Social se extendió por primera vez a la mayoría de los ciudadanos. El déficit de vivienda se redujo con campañas de construcción de viviendas. Especialmente se impulsó la construcción masiva privada, por medio de empresarios cercanos al régimen, que respondieron a la multiplicación de la población en las zonas industriales.
El grueso de esta construcción se produjo en la periferia de las grandes ciudades, pero sin una planificación urbanística previa, que con el tiempo derivaron en ciudades-dormitorio masificadas, y a menudo con numerosas carencias de servicios comunitarios.

El desarrollo económico favoreció la creación de la sociedad de consumo en España. En 1969 dos tercios de los hogares en zona de cobertura tenían televisor y un cuarto tenían coche. La sociedad de consumo favoreció la movilidad y el acceso a la información. Esto trajo una nueva mentalidad con tres consecuencias relacionadas entre sí:

  • Pérdida de influencia de la doctrina católica en la sociedad.
  • Nuevos hábitos de relación social y sexual.
  • Influencia de modas y costumbres de otros países.

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Incluso dentro de la iglesia se empezaron a levantar voces a favor de reconocer los errores aliarse con el régimen.

La mujer durante la dictadura de Franco

Durante la dictadura franquista, la mujer dejó de tener los derechos que la Constitución de 1931 le había otorgado, como la igualdad con respecto al hombre y el derecho a voto.

Con el Régimen, la mujer pasó a asumir el papel de madre y esposa. Muchas de ellas murieron por ser republicanas, unas por ejercer la militancia o la práctica política y otras por ser parientes de hombres de izquierdas.

Y muchas fueron condenadas al ser delatadas por conocidos o incluso parientes temerosos de las represalias por conocerlas. Las mujeres republicanas fueron llamadas las nuevas Eva, que parirían hijos enemigos de España, y por ello les rapaban la cabeza y les daban aceite de ricino, para pasearlas después por las calles con el fin de humillarlas.

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Además de todo esto, las mujeres casadas no tenían el acceso al mercado laboral. Con el Fuero del Trabajo promulgado en 1938, el Estado reguló el trabajo a domicilio, sólo podían trabajar las mujeres solteras o viudas, además, si se casaban, debían firmar su despido voluntario un mes antes del enlace, según lo dictaba la Ley de Reglamentaciones Laborales de 1942, y para acceder a él, dos años después, la Ley de Contratos de Trabajo decía que debían contar con la autorización del marido.

Además los sueldos eran más bajos. Por todo esto, era difícil sacar adelante el hogar y, aunque existía la cartilla de racionamiento, para los productos de consumo básico, el hambre seguía apretando, no era suficiente la cantidad que recibían para alimentar a toda la familia y muchas recurrieron al estraperlo, cambiando productos, manufacturados por ellas mismas, por alimentos. El estraperlo estaba considerado un delito y acarreaba penas de cárcel y multas.

La familia era una jerarquía en la que la mujer estaba supeditada al varón y los hijos a los padres. La mujer era la que se llevaba la peor parte, pues su labor era la de satisfacer a su marido, debía estar guapa para él, complacerle en todo. La revista de la Sección Femenina, liderada por Pilar Primo de Rivera, enseñaba a las mujeres a comportarse, siempre supeditadas al hombre, sin derechos, sin opiniones, solo sumisión. Por supuesto que el adulterio estaba castigado por el Código Penal.

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En 1973, como preparación al Año Internacional de la Mujer 1975 llegó la excepción discriminatoria, el gobierno dio el cargo de jefas locales de movimiento (actual alcaldesas) a 7 mujeres, las primeras y únicas alcaldesas de la dictadura.

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Fin de la dictadura ————————————————————————————————————

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La crisis del petróleo de 1973 dejó al descubierto los problemas del desarollo español en la década anterior. El modelo de crecimiento español había generado profundos desequilibrios regionales y una tremenda dicotomía entre el campo y la ciudad. El tejido industrial carecía de la flexibilidad necesaria para hacer frente a una crisis, debido al excesivo intervencionismo institucional; las infraestructuras eran más que deficientes, la economía era profundamente inflacionista, la entrada de capitales extranjeros era insuficiente y el Estado dependía en exceso de las divisas aportadas por los emigrantes y el turismo.

A todo ello se sumaba el problema del desempleo, la economía española era incapaz de absorber toda la mano de obra del país y sólo la emigración ponía remedio a esta situación.

La industrialización y el desarrollo iniciado en la década de 1960 provocaron una transformación en la sociedad española, que dejó de ser una sociedad agrícola para convertirse en una sociedad industrial y urbana. Este cambió provocó un fuerte crecimiento de las ciudades en detrimento del campo que sufrió una auténtica sangría poblacional provocada por la falta de trabajo y las ganas de prosperar de la sociedad.

El crecimiento de las ciudades fue desequilibrado, ya que se concentró en el País Vasco, Cataluña, Valencia, Zaragoza y Madrid; regiones y ciudades que concentraban los principales focos industriales.

En los últimos años del franquismo el bienestar social alcanzó a todas las capas de la población en diferentes grados.

La jornada laboral pasó de 48 horas en 1964 a 44 en 1975. Del desarrollismo emergió una clase media nacida del esfuerzo y la austeridad, del pluriempleo y de las largas jornadas laborales.

A finales del franquismo la escuela primaria se convirtió en obligatoria, el número de alumnos de Educación Secundaria creció notablemente y la población universitaria se incrementó en un 500% entre 1970 y 1975. No obstante, este crecimiento tuvo que enfrentarse a una escasez notable de instalaciones y recursos.

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La modernización de la sociedad provocó un paulatino desinterés y abandono de las costumbres inspiradas en la moral tradicional. El bienestar, la influencia del turismo y la reforma eclesiástica emanada del Concilio Vaticano II impulsaron nuevos hábitos en la sociedad española a los que el franquismo no fue capaz de dar respuesta, produciéndose un progresivo alejamiento entre el régimen y los ciudadanos.

En la década de 1970 cientos de religiosos se involucraron en actividades de oposición al régimen, participando en movimientos sindicales, universitarios y políticos, lo que provocó una violenta reacción de grupos de extrema derecha como los Guerrilleros de Cristo Rey.

La evolución social, la situación internacional, la pérdida de influencia de las instituciones franquistas y la enfermedad de Franco llevaron a muchos políticos del régimen a instar al dictador a que asegurase la sucesión. En el verano de 1969, Franco presentó ante el Consejo del Reino la designación de Juan Carlos de Borbón como su sucesor a título de Rey.

Con un Franco cada vez más enfermo, el nuevo Gobierno se dedicó únicamente a una labor puramente administrativa, sin realizar ningún proyecto de envergadura. La situación política era de pura parálisis, mientras que la sociedad se encontraba en ebullición.

En 1967 se iniciaron las conversaciones con la Comunidad Económica Europea (CEE) para una posible integración de España en la organización, no obstante, los representantes europeos pusieron unas condiciones que el franquismo estaba muy lejos de cumplir.

Unos años antes, en 1961, España se había retirado del protectorado que mantenía en Marruecos, pero las reivindicaciones del país árabe no cesaron y se trasladaron al resto de las posesiones españolas: Ifni, Sáhara, Ceuta y Melilla, así como a la ampliación de las aguas territoriales.

Al mismo tiempo, la reivindicación española del Peñón de Gibraltar en los foros internacionales se encontraba una y otra vez con el escollo del mantenimiento de las colonias españolas en África. Por ello, e influido por las revueltas anticolonialistas, en 1962 el Gobierno español abrió negociaciones para el abandono de las colonias de Río Muni y Fernando Poo, que llegaría en 1968.

Pese a los problemas internos, la actividad diplomática de España a principios de la década de 1970 fue frenética. En 1970 España se convirtió en país asociado a la CEE, lo que suponía un trato preferencial en materia comercial. Se reanudaron las relaciones diplomáticas con la República Democrática Alemana, China, Hungría, Polonia, Bulgaria, Rumanía y Checoslovaquia.

Ese mismo año se firmó un tratado de amistad con Estados Unidos que se reflejó en un viaje del presidente norteamericano a España, todo un acontecimiento para los españoles, y un viaje de Juan Carlos de Borbón a Washington que sirvió para que las autoridades estadounidenses vieran en el príncipe un instrumento para el cambio pacífico después de la muerte de Franco. El viaje también sirvió para que en España se empezase a valorar la figura del príncipe sobre el que hasta entonces había existido una desconfianza generalizada.

Ante el avance de la enfermedad, en 1973 Franco nombró al almirante Carrero Blanco como presidente del Gobierno, delegando en él las funciones ejecutivas. Enfermo, viejo y desinteresado de la política, Franco se recluyó en el palacio de El Pardo y dejó el Gobierno en manos de su más leal colaborador desde hacía años.

A finales de ese mismo año, Carrero Blanco fue asesinado por ETA en un espectacular atentado en Madrid. Su asesinato causó una fuerte impresión a la sociedad española y en el propio Franco, que se volvió mucho más débil y vulnerable, quedando a merced de la llamada “camarilla de El Pardo”.

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Los tecnócratas desaparecieron definitivamente del Gobierno y se canceló cualquier intento aperturista, mientras que Arias Navarro ocupó el puesto del difunto.

El nuevo presidente era una persona gris, sin peso dentro del régimen, sin apoyos ni carisma. Como ministro de Gobernación, era el responsable último del fallo de seguridad que había permitido el atentado contra Carrero Blanco, más bien era el responsable último de unas fuerzas de seguridad que habían permanecido ignorantes, mientras un comando terrorista excavaba un túnel en el centro de Madrid y colocaba ochenta kilos de dinamita al paso del coche oficial.

El Gobierno de Arias se caracterizó por la indecisión y el inmovilismo político. Si en un momento el nuevo presidente apoyó a los sectores aperturistas, incluso oponiéndose a Franco, en otros se dejó llevar por los sectores más conservadores; lo que finalmente provocó el estancamiento y la total falta de dirección política.

El aperturismo del nuevo Gobierno acabó de forma dramática a principios de 1974, cuando se ejecutaron dos sentencias de muerte a pesar de las presiones internacionales.

Existía la oposición interior y la del exilio, la pacífica y la violenta, la social y la política, la tolerada y la perseguida, la de izquierdas y la conservadora, la reformista y la rupturista. Pero de todas ellas, las que más preocupaba al régimen era la de las bandas armadas.

Las acciones de ETA, FRAP y GRAPO atacaron uno de los pilares más consolidados del régimen: la supuesta paz social y el orden público. Estos grupos violentos carecían de una base social sólida, a excepción de ETA, y la inmensa mayoría de los ciudadanos repudiaban tanto sus medios como sus fines, pero sus acciones crecieron sin parar desde el asesinato de Carrero Blanco.

Entre los partidos políticos clandestinos, el más activo fue el PCE, sobre todo entre los universitarios, sindicalistas e intelectuales. Tras los comunistas se encontraba el PSOE, debilitado por las luchas internas entre los dirigentes de España y del exilio, que no empezaron a cobrar fuerza hasta 1974, cuando en el Congreso de Suresnes fue elegido Felipe González como secretario general.

En el verano de 1974 Franco tuvo que ser ingresado de urgencia y Juan Carlos de Borbón ocupó la Jefatura del Estado de forma temporal. Los sectores aperturistas creyeron que era el momento para la sucesión definitiva del dictador, pero la “camarilla” de El Pardo y los sectores inmovilistas reaccionaron para convencer a Franco de la necesidad de recuperar plenamente sus funciones e impedir el relevo político. A finales del verano, Franco recuperó la Jefatura del Estado, aunque su salud era frágil y su estado mental débil.

Todo este movimiento se vio impulsado por el fin de la dictadura portuguesa tras la Revolución de los claveles. Este acontecimiento además provocó una nueva crisis de Gobierno, ya que los sectores inmovilistas acusaron a los renovadores de haber permitido a los medios de comunicación informar sobre lo acontecido en Portugal.

Tras una nueva purga política y una oleada de dimisiones en protesta, el Gobierno de Arias Navarro quedó sin representantes renovadores.

Los continuos vaivenes políticos y la debilidad del Gobierno de Arias Navarro se vieron acrecentados con una conflictividad social en continuo aumento. En 1974 se produjo una ola de atentados terroristas, de huelgas, manifestaciones y violencia callejera.

El Gobierno endureció la legislación antiterrorista y, fruto de ello, en septiembre de 1975 fueron ejecutados cinco presuntos terroristas de ETA y FRAP, tras un juicio sin garantías legales y entre un fuerte clamor internacional en pos de un indulto que nunca llegó.

El 27 de Septiembre de 1975, fueron asesinados mediante fusilamiento tres militantes del PCE (m-l) y del FRAP, Baena Alonso, Sánchez Bravo y García Sanz;y dos militantes de ETA, el extremeño Juan Paredes y Ángel Otaegui. Fueron los cinco últimos asesinatos de Franco. …

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Tras las ejecuciones se produjo una campaña internacional de condena a España, varias embajadas españolas fueron asaltadas, quince embajadores extranjeros abandonaron Madrid en señal de protesta y el régimen volvió a un aislacionismo no conocido desde la posguerra. Pese a las ejecuciones la oleada de atentados terroristas continuó, surgiendo un nuevo grupo desconocido hasta entonces: los GRAPO.

En respuesta a la condena internacional, los sectores más recalcitrantes del franquismo organizaron un acto de adhesión al régimen en la plaza de Oriente de Madrid, al que asistieron miles de personas y en el que Franco apenas pudo pronunciar un discurso ininteligible desde el balcón del Palacio Real.

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La manifestación, que pretendía ser una muestra de la fuerza del franquismo, se convirtió en una clamorosa demostración de la degeneración física de Franco, que cansado, débil y gravemente enfermo se echó a llorar emocionado al acabar el acto, una imagen nunca vista del dictador.

Poco después, el 12 de octubre, Franco sufrió un infarto, el primero de muchos, y su salud entró en un proceso de rápido deterioro. A partir de ese momento se inició la larga agonía del dictador. Varios infartos, operaciones de todo tipo y un sinnúmero de complicaciones secundarias se sucedieron a lo largo de más de un mes.

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Durante la convalecencia de Franco, las relaciones con Marruecos se deterioraron gravemente debido a las presiones del Rey marroquí para apropiarse del Sáhara español, Ceuta y Melilla. El 20 de octubre Hassan II ordenó la Marcha Verde, un movimiento protagonizado por unos 100.000 civiles marroquíes que cruzaron la frontera pacíficamente y se adentraron en el Sáhara. El ejército, desbordado y sin órdenes de Madrid, se convirtió en un mero espectador de la ocupación.

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El 20 de noviembre de 1975, a las cinco y veinticinco, Franco murió, en el hospital de La Paz, no pudiendo cumplir uno de sus últimos deseos, morir en su casa.

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