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TEMA 13 – 3: DE LA PREHISTORIA A LA EDAD MEDIA. LA EDAD MEDIA

LA EDAD MEDIA EN LA PENINSULA IBÉRICA

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Tras varios siglos de presencia romana en la península ibérica, la situación política y social que existía en el Imperio Romano también se dejó notar en nuestro territorio.

Así, desde centroeuropa, llegaron a suelo hispánico pueblos a los que los romanos -por estar fuera de sus territorios- les llamaban BARBAROS.

Estos pueblos eran los SUEVOS, VÁNDALOS y ALANOS. Llegaron a Hispania tras atravesar media Europa y, entrando por los Pirineos, se extendieron por gran parte de la Península.

Los romanos, ya muy debilitados por las guerras internas por el poder, y por las invasiones de los pueblos germánicos, pidieron ayuda a los VISIGODOS, un pueblo del Centro de Europa, para que, como sus aliados viniesen a Hispania para luchar contra estos Bárbaros y devolver el poder a Roma.

Los VISIGODOS, no sólo vinieron a luchar por Roma, sino para quedarse con las fértiles tierras de Hispania. Así comenzó la salida de los romanos de la Península.

Éstos se quedaron y adoptaron muchas de las costumbres romanas, lo que les hizo más fácil la introducción en el territorio. Así, basándose en el Derecho Romano, hicieron su propio derecho, adoptaron la religión cristiana, etc.

Pero no llegaron nunca a tener el mismo poder y nivel de organización que los romanos. Estas luchas internas por el poder, hicieron que al cabo de unos pocos años se desmoronase el reino de los Visigodos, coincidiendo con la llegada de los musulmanes a la Península.

La llegada de los musulmanes a la Península Ibérica, la rápida conquista del territorio peninsular y la desaparición del reino visigodo produjeron un cambio de rumbo en la historia de este territorio.

Aunque la ocupación musulmana fue casi total, en la parte norte de la Península, al Norte de la cordillera Cantábrica, vivían algunos pueblos que difícilmente se habían asimilado a la cultura romana, y que no se habían integrado en el reino visigodo; eran los astures, cántabros y vascones, que tampoco se incorporarían a Al Ándalus (nombre que los musulmanes dieron al territorio que conquistaron en la Península Ibérica).

Por el lado del Pirineo, especialmente en los valles pirenaicos, vivían grupos de población que de forma aislada habían conseguido escapar a la dominación musulmana. En esas dos zonas surgieron los primeros núcleos de resistencia, que con el paso del tiempo y con la participación de nuevos territorios, daría lugar al inicio de la Reconquista, por la cual los reinos cristianos volvieron a conquistar la Península Ibérica.

EL COMIENZO DE LA EDAD MEDIA

El paso de la Edad Antigua a la Edad Media se desarrolla en Europa tras la crisis del imperio romano, que desaparece definitivamente en el año 476 d.C. Y a partir de del siglo VII el espacio ocupado por el imperio romano se dividió en tres grandes civilizaciones: la bizantina, el islam y los reinos germánicos.

Nosotros en esta unidad hablaremos sólo de las dos últimas: los reinos germánicos y el islam.

El inicio de la Edad Media

1. Los reinos germánicos.

O bárbaros como los llamaron los romanos habitaban al norte del imperio romano desde el siglo III.

Por estas fechas la situación de Roma era ya crítica, y el emperador Teodosio en el 395 dividió el imperio para que fuera más fácil de defender entre sus dos hijos:Honorio le correspondió la parte occidental y Arcadio la oriental.

Pero en el 476 el general Odocacro venció al último emperador romano de occidente, Rólumo Augústulo. Este acontecimiento marcó el inicio de la Edad Media.

El imperio romano de occidente se fragmentó en varios reinos:

Durante este periodo se extendió una gran inseguridad: las ciudades fueron saquedas y la población se trasladó al campo, donde buscó la protección de los ricos propietarios.

La economía comenzó a basarse casi exclusivamente en la agricultura y la ganadería que se convirtió en la base de su subsistencia. El comercio casi desapareció.

La sociedad se empobreció, la cultura también sufrió esta crisis, y por ellos los restos más significativos de estos pueblos son pequeñas iglesias o piezas de orfebrería.

Romanos y germanos tenían distintas leyes, costumbres y religiones. Pero poco a poco se fueron mezclando y en los lugares más romanizados los germanos adoptaron el latín como lengua y el cristianismo como religión.

LOS VISIGODOS

Entraron en el imperio romano a finales del siglo IV presionados por los hunos. En el 410 conquistaron y saquearon Roma.

A comienzos del siglo VI se instalan en la península Ibérica fundando su reino con capital en Toledo.

La Hispania visigoda es la denominación del período histórico que abarca el asentamiento del pueblo visigodo en la Península Ibérica, entre mediados del siglo V y comienzos del siglo VIII.

Desde el siglo III al V, diversos pueblos germánicos habían cruzado la península ibérica, fundamentalmente los suevos, los vándalos y los alanos, y aunque se les llama germánicos, lo cierto es que los alanos eran de origen asiático.

Hacia el 409 o 410, se tienen noticias de la entrada por los Pirineos de un número no determinado de suevos (unos 30.000 aunque no hay consenso entre los historiadores), el pueblo germánico de mayor complejidad cultural, ocupando el noroeste de la península, lo que es Gallaecia, con capital en Braccara.

Galicia fue ocupada no sólo por los suevos, sino también por vándalos asdingos. Los alanos se desplazaron hacia la Lusitania y la Carthaginense. Con los vándalos silingos en la zona de la Bética, sólo quedaba en poder del Imperio romano la provincia de la Tarraconense.

Precisamente para poder recuperar el dominio perdido en la Península Ibérica, el imperio pacta con el rey godo Valia para que sean ellos quienes defiendan los derechos de Roma frente a estas tribus germanas.

Así pues, en el 416 los visigodos penetran como aliados de Roma, a través de un «foedus», derrotando a los alanos y a parte de los vándalos, con lo que el Imperio recupera el control de las regiones más romanizadas (la Bética y el sur de la Tarraconense).

El emperador Honorio en el 418 los aleja del rico Mediterráneo, recolocándolos en la Aquitania. Los suevos ocuparon entonces buena parte de la península, con capital en Emérita Augusta, la actual Mérida. Los vándalos los derrotaron en Mérida pero, hacia 429, pasaron a África. Los alanos, que ocuparon el centro y el este de la Península, y acabaron siendo absorbidos por la población hispanorromana.

En esta situación el Imperio romano de Occidente había recuperado el dominio al menos nominal de la Península, excepto la zona dominada por los suevos, que afianzaban su reino en el occidente.

Hacia el año 438 el rey suevo Requila emprende una decidida actividad de conquista del resto de Hispania, adueñándose de la Lusitania, la Carthaginense y la Bética. Su sucesor, Requiario, aprovechará las perturbaciones del movimiento bagauda para avanzar hacia la zona de Zaragoza y Lérida.

Tal acción impulsó al Imperio romano a pedir nuevamente a los visigodos, a través de su rey Teodorico II, la ayuda precisa para controlar Hispania. Las tropas visigodas cruzan los Pirineos y en el 456 capturan al rey Requiario, quedando el resto de los suevos en lo que hoy se conoce como Galicia.

El reino suevo se mantuvo independiente hasta finales del siglo VI. El resto de la península pasa a manos visigodas, pasando a formar parte del Reino visigodo de Tolosa, con capitalidad en Tolosa (Toulouse, actual Francia).

Las oleadas de conquista se sucederán con posterioridad, pero ahora para ocupar espacios donde domina todavía el Imperio romano.

En el año 476, los visigodos ya se habían asentado en la península Ibérica y en el 490 termina el grueso de las migraciones desde el norte.

Durante el siglo VII el rey Leovigildo consolidó la autoridad real, extendió el territorio del reino y dictó nuevas leyes. Su hijo Recaredo se convirtió al catolicismo, consiguiendo la unificación religiosa del reino.

LA SOCIEDAD VISIGODA

Los visigodos se asentaron sobre todo por la zona de la Meseta Norte, especialmente en el centro de la cuenca del río Duero, zona poco poblada y con escasa urbanización.

Éste es el tiempo en el que se produce la reutilización de los materiales de construcción romanos para basílicas, iglesias y otras construcciones civiles (véase Arte visigodo).

Se trata de una sociedad que se ha considerado prefeudal o de transición al feudalismo, por concurrir en la misma una serie de características que serían propias de etapas posteriores de la Edad Media y que la diferencian de la Hispania romana.

En primer lugar, se produce una paulatina ruralización social, abandonándose las grandes ciudades en algunos puntos y creándose en torno a las villas romanas núcleos de población más reducidos.

Por otro lado, se tiende al autoconsumo y se desarrollan lazos de dependencia personal que anticipan el feudalismo. Así, de los reyes dependían como clientes los gardingos. Los nobles, a su vez, tenían a los bucelarios. Y de los grandes propietarios de la tierra dependían los colonos.

Se produjo en esta época una sustitución de la esclavitud por el colonato, como forma de relación en cuanto a la explotación de la tierra, lo cual se había iniciado ya en el Bajo Imperio.

Los colonos formaban la amplia masa social. Los humildes, pequeños propietarios libres, eran una clase social en decadencia. La clase alta estaba formada por los potentados, los grandes terratenientes nobles, tanto godos como hispanorromanos.

La dureza de las condiciones de vida de las clases bajas acabaron produciendo en alguna ocasión revueltas campesinas, las cuales a veces eran confundidas con herejías, como el priscilianismo.

Se diferencia dentro de la sociedad entre los visigodos y los hispanorromanos, cada uno de ellos regido por sus propias leyes.

No obstante, con el paso de los siglos se tendió a la fusión de ambos grupos sociales, permitiéndose los matrimonios mixtos. Un intento de acabar con la diversidad jurídica fue el Liber Iudiciorum (publicado en 654), en el que se trata de recoger el derecho romano junto a las prácticas, ya señoriales, que se habían ido imponiendo en la península en torno al derecho de propiedad.

LA MONARQUÍA VISIGODA

El rey era el jefe supremo de la comunidad. La institución monárquica llevaba largo tiempo afianzada en el pueblo visigodo cuando éste llegó a la Península. Los reyes debían ser de condición noble y accedían al trono mediante un sistema electivo en el que intervenían los obispos y los magnates palatinos. Pero con ese sistema sólo fueron entronizados tres reyes (Chintila, Wamba y Rodrigo).

La asociación al trono era, en la práctica, la forma más común, junto con las usurpaciones, de tomar el poder. El monarca estaba ungido por Dios y a éste debía su legitimidad; la realeza poseía así un carácter sagrado, que se supone debía de disuadir cualquier intento de atentar contra el rey.

Pero eso no bastaba y los asesinatos de monarcas, rebeliones, conjuras y usurpaciones eran moneda de cambio en el reino visigodo.

Junto al rey estaba el Aula Regia, consejo asesor que estaba formado por nobles.

La influencia visigoda lingüística sobre la lengua castellana

Para los visigodos en la Península Ibérica la lengua no era un factor distintivo entre ellos y los hispano-romanos (que vivían en el territorio antes de su llegada); ambos grupos hablaban la misma lengua, el latín vulgar.

A pesar de eso, la lengua gótica original y otros aspectos de la cultura de los visigodos tuvieron un impacto lingüístico sobre algunos aspectos del castellano en la actualidad. En otras palabras, hay reflejos lingüísticos del contacto social entre los romanos y los visigodos en la lengua castellana hoy en día.

En cuanto a la fonética, no hay huellas del los visigodos. No obstante, hay rastros de su lengua en la morfología y lexicología del castellano. Por ejemplo, ciertas palabras conservan el sufijo gótico -ing, que se convertiría en -engo. Podemos ver ejemplos de eso en las palabras «abolengo» y «realengo».

Ciertos tipos de palabras reflejan las dos culturas y sus propias lenguas; podemos ver influencia lingüística de los visigodos en el español en palabras relacionadas con el comercio, la agricultura, la industria, la vivienda, y el derecho.

En principio, es probable que las palabras fuesen palabras prestadas de la lengua gótica, pero gradualmente se desarrollaron para ser más parecidas al español y más fáciles de pronunciar para un hablante de latín vernáculo y eventualmente, un hispanohablante.

También los hispano-romanos tomaron palabras de los góticos para conceptos que ya conocían y los adaptaban a su lengua vernácula; por ejemplo, la palabra jabón se deriva de una palabra gótico: saiposapone → jabón. Los visigodos introducían un concepto para los hispanorromanos (en este caso, el concepto nuevo de jabón) y adaptaban la palabra gótica original (de saipo) para que fuera más fácil de pronunciar y más parecido a una lengua romance.

Otras palabras en la lengua castellana reflejan palabras góticas relacionadas con lo militar o diplomático. La palabra «guerra» reemplazó la palabra latina bellum. «Guerra» se deriva de la lengua gótica como sigue: werraguerre → guerra. Además, la palabra «tregua» se deriva de triggwa, de la lengua gótica.

De interés particular es el impacto de los visigodos en la antroponimia, que es una rama de la onomástica que estudia los nombres propios.

De hecho, muchos nombres españoles comunes tienen sus orígenes en la lengua gótica a causa de la ocupación de los visigodos en la península Ibérica. Por ejemplo, el nombre «Fernando» se deriva de una combinación de dos palabras góticas: frithu (‘paz’) y nanth (‘atrevido’).

Gradualmente los hispanorromanos los adaptaban hasta formar un nombre nuevo, Fridenandus, y finalmente se convertían en «Fernando». También podemos ver este proceso en el nombre «Álvaro», que deriva de las palabras all y wars, que significan respectivamente ‘todo’ y ‘prevenido’.

«Alfonso» está compuesto de una combinación de all y funs (‘preparado’). Más antropónimos de origen gótico son Rodrigo, Rosendo, Argimiro, Elvira, Gonzalo y Alberto.

LA PRESENCIA ÁRABE EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

La Edad Media, es el período histórico de la civilización occidental comprendido entre el siglo V y el XV.

Su comienzo se sitúa convencionalmente en el año 476 con la caída del Imperio romano de Occidente y su fin en 1492 con el descubrimiento de América,o en 1453 con la caída del Imperio bizantino, fecha que coincide con la invención de la imprenta (Biblia de Gutenberg) y con el fin de la Guerra de los Cien Años.

Durante toda la edad media se vivieron numerosos hechos que marcaron el devenir posterior de la Historia del Mundo tal y como lo conocemos hoy.

Centrándonos en nuestro territorio, podemos hablar de la influencia de los árabes en la Península Ibérica y de cómo los reinos cristianos fueron poco a poco recuperando terreno, pero no olvidando lo aprendido de ellos.

Cuando los árabes llegaron a la Península Ibérica en el año 711 comenzaron una conquista que les mantuvo 800 años en ella. Comenzó a crearse lo que llamaron AL-ANDALUS.

AL ANDALUS

Se conoce como al-Ándalus (árabe الأندلس) al territorio de la Península Ibérica bajo poder musulmán durante la Edad Media, entre los años 711 y 1492.

Tras la invasión musulmana de la península, al-Ándalus se integró inicialmente en la provincia norteafricana del Califato Omeya, para más tarde convertirse en un emirato y posteriormente en un califato independiente del poder abasí.

Con la disolución del Califato de Córdoba en 1031, el territorio se dividió en los primeros reinos de taifas, periodo al que sucedió la invasión de los almorávides, los segundos reinos de taifas, la invasión de los almohades y los terceros reinos de taifas.

Con el avance de la Reconquista iniciada por los cristianos de las montañas del norte peninsular, el nombre de al-Ándalus se fue adecuando al menguante territorio bajo dominación musulmana, cuyas fronteras fueron progresivamente empujadas hacia el sur, hasta la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492, que puso fin al poder islámico en la península Ibérica, aunque aún quedaban musulmanes viviendo en la Península.

Aunque es un poco complicado, vamos a ofreceros la cronología de la presencia árabe en la Península para que veais su evolución.

Emirato de Córdoba

En el año 756 Abd al-Rahmán I llegó a Córdoba y estableció una dinastía que gobernó al-Ándalus hasta 1031.

En el 773 Abd al-Rahmán I creó el Emirato de Córdoba, independizándose política y administrativamente del Califato de Damasco, aunque mantuvo con el mismo una unidad cultural, espiritual y moral.

Pese a todo, el verdadero organizador del emirato independiente fue Abd al-Rahmán II, que delegó los poderes en manos de los visires. La islamización fue muy rápida y el número de mozárabes (cristianos en territorio musulmán) se redujo considerablemente.

En el año 912, ascendió al trono Abd al-Rahmán III, cuando ya la decadencia política del emirato era un hecho. Intentando acabar con las sublevaciones y conflictos, se proclamó califa en 929, dando paso al califato de Córdoba.

Califato de Córdoba

El Califato de Córdoba hacia el año 1000

En el año 929, Abd al-Rahmán III estableció el Califato de Córdoba, declarando la independencia religiosa de Bagdad, capital del Califato Abasí.

Esta proclamación del califato contenía un propósito doble: En el interior, los Omeyas querían consolidar su posición. En el exterior, consolidar las rutas marítimas para el comercio en el Mediterráneo, garantizando las relaciones económicas con Bizancio y asegurando la subadministración del oro.

Tras la ocupación de Melilla en 927, a mediados del siglo X, los omeyas cordobeses controlaban el triángulo formado por Argelia, Siyilmasa y el océano Atlántico. El poder del califato se extendía asimismo hacia el norte y en 950 el Sacro Imperio Romano-Germánico intercambiaba embajadores con Córdoba.

En el año 939 un ejército cristiano liderado por Ramiro II de León derrotó a las huestes árabes enviadas por Abderramán III en una de sus operaciones de castigo (razias) contra el norte. El resultado de la batalla disuadió a los Omeyas de su intención de instalar poblaciones árabes en las inmediaciones del Duero y sus áreas despobladas.

La de los Omeyas es la etapa política más importante de la presencia islámica en la península, aunque de corta duración pues en la práctica terminó en el 1010 con la guerra civil que se desencadenó por el trono entre los partidarios del último califa legítimo Hisham II, y los sucesores de su primer ministro Almanzor.

Oficialmente, el Califato de Córdoba siguió existiendo hasta el año 1031, en que fue abolido dando lugar a la fragmentación del estado omeya en multitud de reinos conocidos como Reinos de Taifas.

Primeros reinos de taifas

Las taifas fueron hasta 39 pequeños reinos en que se dividió el califato como consecuencia de la guerra civil.

Cuando el último califa Hisham III es depuesto y proclamada en Córdoba la república, todas las coras de al-Ándalus que aún no se habían independizado se autoproclaman independientes.

Cada taifa se identificó al principio con una familia, clan o dinastía. Así surgen la taifa de los amiríes (descendientes de Almanzor) en Valencia; la de los tuyibíes en Zaragoza; la de los aftasíes en Badajoz; la de los birzalíes en Carmona; la de los ziríes en Granada; la de los hamudíes en Algeciras y Málaga; y la de los abadíes en Sevilla.

Con el paso de los años, las taifas de Sevilla, Badajoz, Toledo y Zaragoza, constituían las comunidades islámicas peninsulares.

Imperio Almorávide

La disgregación del califato en múltiples taifas hizo evidente que sólo un poder político centralizado y unificado podía resistir el avance de los reinos cristianos del norte.

Así, la conquista de Toledo en 1085 por parte de Alfonso VI anunciaba la amenaza cristiana de acabar con los reinos musulmanes de la península. Ante tal situación, los reyes de las taifas pidieron ayuda al sultán almorávide del norte de África, Yusuf ibn Tasufin, el cual pasó el estrecho y no sólo derrotó al rey castellanoleonés en la batalla de Zalaca (1086), sino que conquistó progresivamente todas las taifas.

Pero su brutal ocupación militar termina en fracaso al resistir los castellanoleoneses la toma de la emblemática capital visigoda de Toledo.

Los primeros indicios del malestar andalusí contra los Almorávides, se produjeron en Córdoba en 1121, cuando la población se rebeló contra los almorávides, sólo la intervención de los fakih pudo evitar un baño de sangre.

Otras rebeliones se produjeron en distintas ciudades y a partir de 1140 el poder almorávide empieza a decaer en el norte de África por la presión almohade. A la península llegan esas noticias. En 1144 un sufí, Ibn Quasi empieza un movimiento anti almorávide y empiezan a surgir los llamados Segundos reinos de Taifas.

Imperio Almohade

Los almohades desembarcaron desde 1145 en la Península Ibérica, y trataron de unificar las taifas utilizando como elemento de propaganda su agresión a los reinos cristianos y la defensa de la pureza islámica.

En poco más de treinta años los almohades lograron forjar un poderoso imperio que se extendía desde Santarém (Centro de Portugal) hasta Trípoli (Libia) y consiguieron parar el avance cristiano cuando derrotaron a las tropas castellanas en 1195 en la batalla de Alarcos.

A pesar de los esfuerzos de los gobernantes, la dinastía almohade tuvo problemas desde un principio para dominar todo el territorio de al-Ándalus, en especial Granada y Levante.

Por otro lado, algunas de sus posturas más radicales fueron mal recibidas por la población musulmana de al-Ándalus, ajena a muchas tradiciones bereberes. La victoria cristiana en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) marca el comienzo del fin de la dinastía almohade, no sólo por el resultado del encuentro en sí mismo sino por la subsiguiente muerte del califa al-Nasir y las luchas sucesorias que se produjeron y que hundieron el califato en el caos político dando lugar a los Terceros reinos de Taifas.

Reino nazarí de Granada

A mediados del siglo XIII al-Ándalus quedó reducido al reino nazarí de Granada. En el año 1238, entra en Granada Muhammed I ibn Nasr conocido, asimismo, como Al-Ahmar, “el Rojo” .

Es el creador de la dinastía Nazarí (que tuvo 20 sultanes granadinos) y fue el fundador del Reino de Granada que, si bien al principio, confraternizó con los reyes castellanos, tuvo que convertirse, pasado el tiempo, en tributario de los mismos a fin de mantener su independencia.

En las últimas décadas de la dinastía nazarí de Granada estuvo dividida por una guerra civil interna que enfrentó Al-Zagal, Muley Hacen hermano de Al-Zagal, y su hijo Boabdil.

El último rey de la dinastía nazarí fue Boabdil (Abu ‘Abd-Allāh).Fue el último monarca árabe de disfrutar de uno de los edificios más bonitos del mundo, tanto por el propio edificio como por el lugar donde estaba construido.

Su derrota en 1492 por los Reyes Católicos puso fin a la Reconquista, proceso que comenzó en el siglo VIII con Don Pelayo y la batalla de Covadonga.

El Reino de Granada fue anexionado a la Corona de Castilla.

LA RECONQUISTA CRISTIANA

Se denomina Reconquista al proceso histórico en que los reinos cristianos de la Península Ibérica buscaron el control peninsular en poder del dominio musulmán.

Este proceso tuvo lugar entre los años 722 (fecha probable de la rebelión de Don Pelayo en la batalla de covadonga) y 1492 (final del Reino nazarí de Granada con la conquista por parte de los Reyes Católicos del último territorio árabe en la Península).

En 711 se produjo en la península Ibérica la primera invasión de los musulmanes procedentes de África del Norte.

Entraron por Gibraltar (que precisamente debe su nombre actual a Tarik, general que desembarcó allí) y que el propio Don Rodrigo, uno de los últimos de los reyes visigodos, fue a rechazar, perdiendo la vida en la Batalla de Guadalete.

Tarik fue llamado a Damasco, entonces capital del califato, para informar y nunca más volvió. Su lugar lo ocupó el gobernador Abd al-Aziz, comenzando el emirato independiente.

A partir de este momento empezaron una política de tratados con los nobles visigodos que les permitió controlar el resto de la península. En 716 Abd al-Aziz fue asesinado en Sevilla y se inició una crisis tal que en los siguientes cuarenta años se sucedieron veinte gobernadores.

En este año, 716, los árabes comenzaron a dirigir sus fuerzas hacia los Pirineos para tratar de entrar en el Reino Carolingio (su monarca era en ese momento Carlos Martel, y años más tarde, Carlomagno).

La veloz y contundente invasión norteafricana, además de por los factores que propiciaron la expansión mundial del Islam, se explica por las debilidades que afectaban al reino visigodo:

  • El frágil e incompleto dominio que ejercía sobre el territorio peninsular –en 711 el rey Rodrigo se hallaba dirigiendo una campaña militar en el norte-.
  • La división de sus nobles, con enfrentamientos vinculados a la elección de los sucesores al trono de una Monarquía (electiva) no hereditaria.
  • Una aristocracia terrateniente –de tardía conversión al catolicismo- superpuesta a una población, libre o servil, con condiciones vitales muy duras, entre la que latía un fuerte descontento. Muchos de ellos recibieron la conquista como una mejora de su situación.
  • La decadencia de la actividad mercantil derivó en una minusvaloración de la población judía, que en gran medida la protagonizaba. También ellos pudieron ver una ventaja en la situación de las minorías hebreas amparada por la jurisdicción islámica.

Tras la invasión, la resistencia cristiana se centra en el norte en ASTURIAS y la cornisa cantábrica.

En el año 718 se sublevó un noble llamado Don Pelayo. Fracasó, fue hecho prisionero y enviado a Córdoba (los escritos usan la palabra «Córdoba», pero esto no implica que fuera la capital, ya que los árabes llamaban Córdoba a todo el califato).

Sin embargo, consiguió escapar y organizó una segunda revuelta en los montes de Asturias, que empezó con la batalla de Covadonga de 722.

Esta batalla se considera el comienzo de la Reconquista. La interpretación es discutida: mientras que en las crónicas cristianas aparece como «una gran victoria frente a los infieles, gracias a la ayuda de Dios», los cronistas árabes describen un enfrentamiento con un reducido grupo de cristianos, a los que tras vencer se desiste de perseguir al considerarlos inofensivos.

Probablemente fuera una victoria cristiana sobre un pequeño contingente de exploración. La realidad es que esta victoria de Covadonga, por pequeñas que fueran las fuerzas contendientes, tuvo una importancia tal que polarizó en torno a Don Pelayo un foco de independencia del poder musulmán, lo cual le permitió mantenerse independiente e ir incorporando nuevas tierras a sus dominios.

EL RESTO DE LOS REINOS CRISTIANOS

La dinastía Omeya de Damasco fue derrocada y subió al poder la dinastía Abassí de Bagdad. Uno de los supervivientes, Abderramán ben Omeya, se trasladó a Córdoba y se proclamó emir independiente (756-788).

Las luchas internas en la Península propiciaron que Carlomagno, rey de los francos, penetrara hasta el sur de los Pirineos, en una zona donde el Reino de Navarra había logrado manrener cierta independencia apoyándose, según les convenía, en astures, musulmanes o francos.

Con Abderramán III (912-961) se consolida el califato de Córdoba, que se extendía hasta el valle del Duero y más allá de Ebro. El califato independiente se convirtió, durante más de un siglo, en el centro cultural y comercial más activo de occidente. Allí acudían filósofos, médicos, geógrafos, historiadores y artistas de todo el mundo musulmán. A partir de ahí llegó el principio del fin.

Mientras el califato se disgregaba, el rey de Navarra Sancho el Mayor , consiguió extender su influencia a toda la España cristiana, desde los condados catalanes hasta el reino de León. Pero, en su testamento, repartió sus dominios entre sus tres hijos. García de Nájera le sucedió en Navarra; Ramiro recibió el condado de Aragón y adoptó el título de rey, y Fernando recibió Castilla que había sido convertida en reino, al que por herencia unió el reino de León., a la muerte sin sucesión de su cuñado, Bermudo III.

A todo esto, los condados catalanes se enmarcaban en la denominada Marca Hispánica. Francos o gente de Barcelona, les llamaban en los otros reinos peninsulares, pero los francos les llamaban hispanos. El sentimiento catalán se formó por la oposición a francos y musulmanes.

El primero de los condes de Barcelona fue Wifredo I, el Velloso inició una dinastía que consiguió independizarse de la monarquía carolingia , pues se negó a rendir vasallaje al monarca franco,

Ramón Berenguer I (1035-1076) consiguió crear Cataluña, ya que aglutinó bajo la autoridad del Conde de Barcelona todos los otros condados, configurando de esta manera el principado en ciernes. En lo referente a la legislación civil, mandó recopilar (1068) los usos y costumbres de Barcelona en un códice llamado en latín Usatici, que, traducido al catalán con el nombre de USATGES, regulaba las relaciones entre señores y vasallos.

Todos los nuevos reinos y condados continuaron su lucha por extender sus territorios y forzaron a muchos de los reinos de taifas a pagar tributo. Esto, unido a la mejoría económica por la entrada de peregrinos que recorrían el camino de Santiago, reforzó la situación de prosperidad de los reinos cristianos.

El avance de la Reconquista, y especialmente la toma de Toledo (1085) por el rey Alfonso VI de Castilla obligó a los reinos musulmanes a pedir ayuda a sus vecinos del norte de Africa, los almorávides, grupo de religiosidad intransigente.

Los árabes, tras reunir más tropas en Sevilla y en Granada, vencieron a Alfonso VI el Bravo en la batalla de Zalaca (1086). Con esta derrota se inicia para Alfonso, tras catorce años de sonados éxitos militares y políticos, un periodo de desgracias e infortunios a pesar del inestimable apoyo de su vasallo El Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar.

Yusuf consiguió unificar la España musulmana bajo su poder y expulsó a los soberanos de los diferentes reinos de taifas; con ello puso fin a la brillante cultura hispano musulmana. Frente a la carencia de una arte almorávide, el arte cristiano se materializó, entre otras manifestaciones, en una gran expansión de iglesias y monasterios de estilo románico.

A mediados del siglo XII, la Reconquista había experimentado un notable avance, tanto en Castilla, como en Aragón. Pero Alfonso VII de Castilla, dividió el reino entre sus dos hijos, Sancho III de Castilla y Fernando II de León, con lo que se inicia un periodo de rivalidad entre los dos reinos.

Mientras Portugal y Navarra afianzaban su independencia, Aragón y Cataluña se habían unido (1137) por el compromiso de matrimonio entre la heredera del reino de Aragón, Petronila, que solo contaba dos años de edad, y el conde de catalán Ramón Berenguer IV que había heredado los condados catalanes, .

Ramón Berenguer prometió respetar los fueros , usos y costumbres aragoneses, y solo detentó el título de Príncipe de Aragón, nunca el de rey. Ramón Berenguer fue un excelente diplomático que además de consolidar la unión definitiva entre el reino de Aragón y el condado de Cataluña obtuvo notables triunfos en la guerra contra los musulmanes. A cambio de su alianza con Alfonso VII de Castilla, el Emperador de los reinos cristianos españoles, contra Sancho VI de Navarra y de reconocer al rey de Castilla su “Alta Señoría” sobre todas las tierras de España, consiguió que se le reconocieran los derechos de conquista que los catalanoaragoneses tenían sobre las tierras de Valencia y Murcia y no pagar tributo, ni rendir vasallaje al rey castellano.

Petronila, que siempre había delegado las tareas de gobierno en su capaz esposo, quedó viuda a los veintiocho años y abdicó en su hijo primogénito, Ramón Berenguer, que, en memoria de su tío Alfonso I el Batallador, rey de Navarra y Aragón, adopto el nombre de Alfonso II. Alfonso solo tenía doce años de edad y contó, por acuerdo en vida de su padre, con la protección del monarca británico Enrique II de Plantagenet, duque de Aquitania por su matrimonio con Leonor de Aquitania.

La intervención de los almohades representó una grave amenaza para los reinos cristianos, especialmente para Castilla donde se creó, como medio de defensa, la orden militar de Calatrava (1158). En 1195, Alfonso VIII de Castilla es derrotado en Alarcos. La reacción cristiana llegó en el año 1212 y en la batalla de las Navas de Tolosa los reyes de Castilla, Aragón y Navarra, al frente de sus respectivas tropas, derrotaron al ejército almohade, lo que significó el fin de su poder. La expansión de los reinos cristianos seguía avanzando.

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Después de las Navas de Tolosa, la España musulmana fue cayendo en poder de los cristianos. Tras la conquista de Mallorca (1229) y Valencia (1238) por Jaime I de Aragón; de Córdoba (1236) y Sevilla (1248) por Fernando III de Castilla y León, y de Cádiz y el reino de Murcia por Alfonso X; solo quedó en manos musulmanas el reino de Granada, que subsistió dos siglos como vasallo y tributario de la corona de Castilla, esta demora en completar la reconquista fue debido a las frecuentes luchas internas en este reino.

La rápida extensión de esta última fase de la Reconquista y la escasez de población de los reinos cristianos hicieron que parte de la población musulmana permaneciera en sus tierras, tributando a los nobles o a las órdenes militares que habían apoyado a la corona en la conquista.

Así se formaron los latifundios del sur de España y Portugal. La nobleza, con una clara falta de visión que respondía al desprecio por el trabajo manual que tan graves consecuencias tuvo para España en los siglos siguientes, dedicó con preferencia sus tierras a la ganadería en perjuicio de la agricultura que tan sabiamente se había desarrollado en la España musulmana, esto supuso convertir Castilla en una potencia lanera.

 

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